Israel modificó su estrategia contra Hezbollah en el sur del Líbano y ahora apunta a su destrucción total política e institucional, no solo al desarme como en intervenciones previas. El gobierno de Benjamín Netanyahu impulsa esta ofensiva aérea, misilística y terrestre, independientemente de la guerra con Irán.
El ejército israelí eliminó en los últimos dos años a líderes clave como el fundador Hassan Nasrallah en un operativo de precisión y amenaza al actual jefe Naim Qasem. La operación se centra en los suburbios sureños de Beirut, bastión de Hezbollah con más de 800.000 habitantes, a los que se ordenó evacuar.
Hezbollah supera en potencia militar al ejército libanés y tiene fuerte representación parlamentaria en Beirut. Expertos destacan que Irán abandonó a su aliado ante su propia crisis existencial por ataques estadounidenses, mientras Israel cuenta con unanimidad nacional en respaldo a Netanyahu contra esta amenaza.
A diferencia de Gaza, donde Netanyahu enfrentó rechazo interno, la guerra contra Irán y Hezbollah genera apoyo total en Israel, más allá de casos de corrupción personales.