Los combates en Medio Oriente persisten en el Estrecho de Hormuz, donde Irán coloca minas para bloquear barcos y usa el petróleo como arma económica, amenazando con elevar el precio del barril a 200 dólares.
Irán pasa de la defensa al ataque y apunta como nuevos targets a empresas tecnológicas estadounidenses como IBM, Microsoft y Nvidia, que tienen oficinas en Dubái e Israel.
Se discute la posibilidad de alternativas al transporte marítimo por petróleo, aunque resulta inviable para grandes volúmenes como cereales.