La guerra provocó un fuerte aumento en los precios internacionales del petróleo, que pasó de 70 a 90 dólares el barril, y del gas licuado que se duplicó de 10 a 20 dólares por millón de BTU. El experto Daniel Dreisen explicó que esta volatilidad depende de la duración del conflicto y genera un cimbronazo en los mercados energéticos globales.
En Argentina, el país se encuentra paradójicamente bien posicionado gracias a Vaca Muerta y menores importaciones de gas, lo que generará 4.000 millones de dólares extra en exportaciones si los precios se mantienen. Antes, crisis similares costaban miles de millones en importaciones de barcos regasificadores.
Sin embargo, los combustibles locales subieron solo 9% en marzo pese a un alza del 30% en el petróleo, pero deberían aumentar cerca del 20% para reflejar precios internacionales, según el passthrough de dos tercios. YPF, con 60% del mercado y desregulada por la ley de bases, aplica micropricing con media móvil de un mes para suavizar ajustes.
El presidente de YPF, Horacio Marín, usa promedios para evitar subas bruscas, pero si el petróleo se sostiene alto, los precios en surtidores seguirán subiendo. Esto impactará la inflación en unos 0,5 puntos porcentuales mensuales adicionales.
Otros efectos incluyen mayor riesgo país, que subió de 520 a 580 puntos, por la incertidumbre global y el flight to quality hacia activos seguros. Dreisen vinculó históricamente las guerras al control del petróleo, como en la Segunda Guerra Mundial.