El embajador Juan Pablo Lollé explicó las profundas diferencias culturales y religiosas entre Occidente y el mundo islámico chiita, donde la muerte se ve como el grado máximo de vida, lo que altera la percepción del conflicto con Irán. En una charla en Bruselas, un librero musulmán se mostró nervioso ante un no musulmán, destacando esta brecha que Occidente no dimensiona plenamente.
Lollé describió una Tercera Guerra Mundial no declarada en la que superpotencias como Estados Unidos, China y Rusia participan limitadamente, con Trump condicionado por el Congreso y sin aprobación para despliegues masivos. Hay un empate estratégico con bombardeos selectivos, declaraciones beligerantes y capacidad nuclear iraní latente por uranio enriquecido.
Trump busca mediar vía Putin tras fallar con Omán, en una guerra comunicacional sin declaración formal para evitar escaladas destructivas. En Irán, las muertes de líderes generan resentimiento, competencia sucesoria y desequilibrio entre poder militar y político, con implosión interna por presiones externas.
Si Irán no gana militarmente, volverá al terrorismo como en los atentados a la AMIA y la embajada de Israel en Argentina, estrategia obvia para una teocracia derrotada. La resolución depende de lo político, no solo militar, en un contexto donde siempre hay intereses económicos detrás de las guerras.
El embajador agradeció la invitación y el análisis preciso del conflicto, cerrando la entrevista.