El presidente Donald Trump declaró que Estados Unidos destruyó la armada, sistemas antiaéreos, radares y liderazgo de Irán, y advirtió que podrían hacerlo mucho peor. Trump rechazó retirarse de la guerra pese a los desechos de Irán a negociar, afirmando que no ha terminado y que prácticamente no queda nada por atacar en Irán, y que la guerra terminará cuando él quiera. El régimen iraní respondió que terminará cuando ellos quieran.
Se liberaron más de 400 millones de barriles de petróleo de reservas estratégicas de países como Japón, Alemania y Estados Unidos para garantizar abastecimiento por 15 a 30 días ante el conflicto en el Estrecho de Hormuz, donde Irán amenazó con derribar buques aliados. El precio del WTI está en 86 dólares por barril, con especulación por la incertidumbre, aunque antes alcanzó 120 dólares.
El diplomático argentino Juan Pablo Lollé, embajador en la OEA, España y Brasil, analizó que las guerras se saben cuándo empiezan pero no cuándo terminan. Destacó que EE.UU. busca un límite por presión interna, pero Irán no tiene límites dada su historia persa y visión teocrática, mientras Israel ve en riesgo su existencia por el programa nuclear iraní. China observa sin intervenir.
Lollé enfatizó que bombardear no basta sin ocupar territorio para influir en el sistema de decisión político, criticando la confusión entre política y militarismo en los medios. Mencionó ataques a Israel con misiles que penetran el Escudo de Hierro, uso de armas de racimo y complejidades con aliados autoritarios. La guerra está desequilibrada y se resolverá con nuevos equilibrios.
Se discutió posible interés económico de Trump en elevar precios del petróleo, aprovechamiento en commodities y si hay componente religioso, ya que para regímenes teocráticos la muerte es el grado máximo de vida, diferenciándose de la visión judeo-cristiana.