Estados Unidos e Israel inician una guerra contra Irán con el objetivo final de derrocar la República Islámica y el régimen de los ayatolás, según declaraciones de Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
Los ataques aéreos buscan golpear militarmente al régimen y alentar un levantamiento popular de la ciudadanía iraní, presentados como medida preventiva ante un posible ataque nuclear, aunque contradicen afirmaciones previas de Trump sobre la destrucción de la infraestructura nuclear iraní.
Trump descartó una invasión terrestre por ser una pérdida de tiempo, destacando la geografía montañosa de Irán, cuatro veces más grande que Irak, con barreras naturales como los montes Elburz y Zagros que complican cualquier operación terrestre.
Expertos advierten riesgos similares a la invasión de Irak en 2003 bajo George Bush, que derivó en guerra civil y el surgimiento del Estado Islámico, mientras el régimen iraní muestra resiliencia gracias a su descentralización aprendida en la guerra con Irak y su industria armamentística de misiles y drones.
Ante obstáculos a una invasión, gana fuerza el apoyo a minorías étnicas como kurdos, azeríes, baluchíes y árabes para generar insurgencia interna, evitando tropas estadounidenses en tierra que serían impopulares.