El Dr. Soares concluye su prédica basada en 1 Juan 3:8-9, explicando que quien practica el pecado pertenece al diablo, quien peca desde el principio, y que Jesús vino al mundo para deshacer todas las obras del diablo.
El pastor enfatiza que los nacidos de Dios no practican el pecado porque la simiente divina permanece en ellos, permitiéndoles resistir tentaciones y reprender el mal, prefiriendo siempre a Jesús. Advierte que pecar repetidamente y pedir perdón puede llevar a la perdición eterna, contrastando la vida temporal en la Tierra con la eternidad.
Soares urge a los fieles a luchar contra el enemigo sin aceptar nada malo, asegurando bendiciones en el nombre de Jesús, y llama a ser de Dios para una recompensa eterna incalculable en años.