María Julia Oliván reveló en vivo los detalles de su grave quemadura que requirió 18 operaciones, dos meses en terapia intensiva y tratamiento con metadona por el dolor crónico e intenso que aún padece, incluyendo picazón y sensibilidad alterada.
Explicó las "toaletas" quirúrgicas, donde le extraían la piel quemada y colocaban mallas metálicas para fomentar el crecimiento del colágeno, ya que su pantorrilla quedó con poca piel viva. Contó cómo lidió con su hijo Antonio, quien la vio en ese estado por primera vez y quería irse con el padre; ella incorporó terapias familiares y juegos desde la cama para mantenerlo cerca.
Detalló el accidente: mientras grababa, vio chispas en un vidrio por el sol poniente, se sacó la ropa y corrió a una ducha helada. Pidió ayuda a su hermana y a la dermatóloga Adriana Vialochesky, quien le recomendó bajar la temperatura corporal sin aplicar cremas. Criticó errores comunes como usar toallas o hielo, y relató dolores extras por catéteres y vías intravenosas sin anestesia.
Admitió que el trauma emocional la llevó a cuestionar su hiperactividad como escape del dolor, vinculándolo a estrés previo por presentaciones en teatro y podcasts. Mostró sus cicatrices en vivo, compró mangas ortopédicas para ir a la playa de espaldas al sol, y anticipó planchas de silicona y masajes para dos años hasta el alta médica.
Mencionó la impaciencia social ante tales sufrimientos y recordó el caso fatal de la periodista Mariana Moyano, quien murió por una quemadura similar al tirar alcohol en un asado.