Luis Mateu definió el sentido de la vida como disfrutarla, portarse bien y no hacer daño a nadie. Respondió que nunca se portó mal, o no se dio cuenta, y siempre deseó el bien ajeno sin cerrar puertas pese a traiciones.
Se describió entre los que se han portado bien, trabajando duro sin contaminarse con excesos ni por curiosidad, porque vio el final trágico de quienes se metieron en drogas, alcohol o cigarrillo. Muchos partieron joven por eso.
Recordó a su padre nostálgico, extrañando a su propio padre en Galicia, Polonia, y siendo más demostrativo con abrazos y caricias que con palabras.