Los israelíes enfrentan una vida paralizada por las sirenas antiaéreas intermitentes en el día 11 de la guerra contra Irán, con enorme preocupación pese a la resiliencia del pueblo y el apoyo mayoritario a los ataques, según relató la corresponsal Elisabetta Piqué en vivo desde Jerusalén. Las alertas suenan varias veces al día, como tres hoy, sin daños reportados este martes pero con 13 muertos acumulados y más de 2.200 evacuados a hoteles.
El gobierno extendió el estado de emergencia hasta el 26 de marzo, un golpe para la población que esperaba un fin rápido tras las declaraciones triunfalistas de Donald Trump sobre la destrucción del 90% de la capacidad misilística iraní. Sin embargo, Irán cambió tácticas con andanadas menores para perforar el escudo de hierro, y persiste el temor a una guerra civil post-régimen o desestabilización regional, con críticas a la estrategia cortoplacista de Benjamin Netanyahu para evitar investigaciones por el 7 de octubre y sus juicios de corrupción.
Los hospitales grandes como Ichilov en Tel Aviv y Rambam en Haifa trasladan todo a sótanos en horas: Ichilov lo hizo en menos de cinco horas el 28 de febrero, con cuatro pisos de estacionamiento convertidos en unidades completas con quirófanos y aire purificado, atendiendo heridos del primer ataque. En Rambam nacieron 60 bebés en el sótano recientemente.
Piqué destacó la logística impresionante pero también la dificultad para pacientes hacinados, mientras el conductor mencionó una epidemia de salud mental en la guerra: una de cada cinco personas sufre trastornos graves post-conflicto, sumado a traumas, ansiedad y crisis de nervios por la incertidumbre.