Los israelíes exhiben una resiliencia impresionante al retomar la normalidad en Tel Aviv tras alertas de misiles iraníes interceptados, saliendo de refugios en shoppings con carpas y pertenencias intactas, mientras colectivos circulan por cráteres tapados rápidamente y restaurantes permanecen abiertos con refugios inmediatos.
El corresponsal Gaby Astrofi describe una ciudad que nunca duerme, ahora más vacía pero con bares y comercios operativos un martes de invierno a las ocho y media de la noche. En paralelo, Ronen desde Nueva York analiza las declaraciones de Donald Trump, quien promete una guerra corta pero con máximo poderío militar contra Irán, amid presiones internas en EE.UU. por costos elevados y protestas tanto a favor como en contra del conflicto.
Los precios del combustible se mantienen estables en Israel y Nueva York por ahora, pese a subidas en otros países como Egipto (+17%) y EE.UU. (promedio 19%), y amenazas como el bloqueo al estrecho de Hormuz y el uranio enriquecido iraní. En Nueva York, se reportaron ataques terroristas con bombas caseras vinculados a ISIS, con detenciones de un joven de 18 años y un cómplice cerca de la residencia del alcalde.
Astrofi destaca la confianza en la sociedad israelí, donde adolescentes circulan solos por las calles durante el asedio, comparándolo con la inseguridad en Argentina; sus hijos de 16 y 13 años se mueven libremente, próximos al servicio militar obligatorio, mientras jóvenes bailan salsa en una plaza frente al Teatro Habima, sabiendo que cocheras cercanas sirven de refugios.
Esta naturalidad choca con la guerra en curso, donde la gente prioriza la vida cotidiana pese al peligro constante de sirenas y ataques terroristas.