La guerra en el Golfo Pérsico acumula más de 2.000 víctimas mortales en su undécimo día de intensos enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán. Los choques continúan sin señales de tregua, con una escalada marcada por declaraciones contradictorias de líderes mundiales.
Donald Trump inicialmente afirmó que la guerra estaba "muy completa" y que todo había sido destruido, pero rápidamente rectificó en su red social anunciando ataques 20% más intensos. Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, respaldó la ofensiva al declarar que van "con toda la fuerza y la energía" y que esto recién comienza. El secretario de Defensa de Estados Unidos advirtió que el martes será el día más complicado.
La incertidumbre reina porque Estados Unidos e Israel justificaron el ataque preventivo por desconocer el arsenal nuclear iraní, pero ahora dudan de haberlo destruido por completo. Marco Rubio, secretario de Estado, estimó una guerra de cuatro a seis semanas, mientras la Guardia Revolucionaria iraní afirma que ellos decidirán cuándo termina. Irán responde con tácticas asimétricas como drones solares y minas navales en el estrecho de Ormuz, donde Estados Unidos reporta haber derribado 10 buques.
Geopolíticamente, Estados Unidos busca desarticular alianzas entre Irán, China y Rusia, dada las terceras reservas petroleras mundiales de Irán que abastecían a China. Israel prioriza avanzar sobre Irán a toda costa. Vladimir Putin amenazó con cortar exportaciones de energía a Europa, ensamblando esta crisis con la guerra en Ucrania. El petróleo se volatilizó, bajando a 83 dólares antes de repuntar sobre 91.
Argentinos varados en Dubái relatan alarmas por intercepciones de drones y misiles, pero minimizan el caos: no hubo ataques directos a íconos como Burj Khalifa y la embajada argentina no asistió en repatriaciones, obligándolos a comprar pasajes caros por su cuenta. Critican la cobertura mediática local por exagerar y destacan la seguridad en la zona.