Un escándalo histórico sacudió el clásico del fútbol brasileño en el Mineirao, donde 23 jugadores fueron expulsados en los minutos finales del partido.
La pelea comenzó con un choque entre un mediocampista y el arquero, escalando rápidamente a insultos, amenazas y agresiones físicas con patadas, rodillazos y trompadas. Incluso los directores técnicos terminaron involucrados, obligando a la intervención policial.
Las cámaras captaron frases irreproducibles y la violencia generalizada, que el conductor calificó de vergüenza en año de Mundial. Cruzeiro se consagró campeón pese al caos.
El árbitro, máxima autoridad en el campo, deberá presentar un informe para sanciones fuertes. El público incentivó la riña, y no faltó nadie en la masacre.
Compararon con un caso argentino de 2011 entre Claypole y Victoriano Arenas, donde expulsaron a 36 jugadores en la Primera C.