El general Dan Caine, jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, reveló que en 10 días de guerra destruyeron 5.000 objetivos en Irán con precisión inédita, utilizando municiones gravitacionales que penetran al centro de los blancos.
Entre los blancos clave, la Fuerza Aérea norteamericana atacó tres sitios subterráneos de uranio enriquecido bajo montañas en el sur de Irán, incluyendo Fordow y Natanz, con aviones supersónicos que evaden radares y superbombas capaces de destruir depósitos a 2.000-3.000 metros de profundidad.
La inteligencia estadounidense detectó 410 kilogramos de uranio enriquecido al 60% en estos complejos, materiales clave para armas nucleares, y movimientos iraníes para acceder a ellos, lo que precipitó los ataques preventivos informados a Donald Trump.
Rafael Grossi, director de la Organización Internacional de Energía Atómica, cuestionó el enriquecimiento al 60% de Irán, ya que excede lo necesario para usos civiles y permite fabricar armas nucleares en meses, justificando la ofensiva de Estados Unidos e Israel.
El régimen iraní niega avances nucleares, pero la superioridad tecnológica y de inteligencia de Estados Unidos deja a Irán inerme, con más del 90% de su capacidad misilística destruida.