Francisco, un argentino atrapado en Dubái por el estallido del conflicto en Medio Oriente, denunció la total falta de ayuda de la embajada argentina durante nueve días de incertidumbre, con explosiones de misiles y noticias alarmantes llegando desde el país.
Él y su pareja, que planeaban solo una escala de dos días en su regreso de vacaciones, enfrentaron una odisea para volver: la embajada solo remitió información genérica vía Facebook, ignoró mails con datos personales y canceló una videollamada con el embajador. No hubo contacto directo ni asistencia concreta, pese a que Francisco reportó su ubicación completa.
Finalmente, Francisco regresó por sus propios medios, vía Madrid gracias a su agencia de viajes, y cuestionó el festejo de la Cancillería argentina por repatriar a 360 compatriotas, aclarando que nadie recibió ayuda gubernamental real y que cada uno se las arregló solo. Criticó duramente que el gobierno se atribuya méritos falsos, generando bronca entre los afectados.
Destacó la diferencia con gestiones de otros países como Brasil, que facilitaron vuelos, y lamentó la angustia por no saber si el conflicto escalaría ni cuánto duraría su estadía forzada, sin idioma ni soporte oficial.