La AFA, liderada por Chiqui Tapia, concretó la liberación del gendarme Nahuel Gallo tras 450 días preso en Caracas mediante negociaciones secretas con funcionarios chavistas, sin conocimiento del gobierno argentino. Un grupo oficialista encabezado por Leonardo Scaturiche y Franco Bindi, esposo de la diputada Marcela Pagano, trabajaba en paralelo para atribuirse el logro en reuniones con Trump y Milei, pero la AFA actuó de espaldas frustrando esos planes.
La operación se gestó en la final del Maracaná el 26 de febrero, donde Tapia se reunió con Jorge Jiménez Ochoa, presidente de la Federación Venezolana de Fútbol y cercano a Delcy Rodríguez. Jiménez levantó el teléfono desde la platea para coordinar, bajo la condición de que el gobierno argentino no se enterara. Tapia, pese a tentarse con un vuelo directo a Caracas, obedeció al juez Amarante que no le dio permiso y envió emisarios con pasaportes al día: Luciano Nakis y Fernando Isla Cazares.
Los enviados viajaron en un avión de Bayre Fly de Luis Grande, evitando el de Gustavo Carmona por lealtad a Messi tras una pelea pasada. Inventaron una excusa de convenio de capacitación futbolística para justificar el viaje. Mientras el gendarme era liberado el domingo en Caracas con cantos y festejos esperando a Tapia para la foto, el gobierno venezolano lo retuvo hasta recibir a oficiales de Gendarmería en Ezeiza con banda militar.
El oficialismo reaccionó con furia: retuvieron a los emisarios cuatro horas en Migraciones para excluirlos de la foto oficial. A pesar de todo, Tapia y Gerardo Zamora ratificaron su alianza en un confederal en Córdoba, firmando tregua con Andrés Fassi y defendiendo posturas contra sociedades anónimas en medio de disputas por ingresos televisivos.
El panel destaca conexiones como Bindi exabogado de PDVSA, Pagano con Jorge Rodríguez, y rol de Santiago del Estero en el Senado, sugiriendo impactos políticos profundos en la relación Tapia-Milei.