Donald Trump y Benjamin Netanyahu buscan derrocar el régimen de los ayatolás en Irán mediante bombardeos aéreos y un levantamiento popular, descartando por ahora una invasión terrestre debido a la compleja geografía montañosa del país y los altos riesgos militares.
Un informe de la CIA de 2004 destaca las barreras naturales como los montes Elburz y la cordillera Zagros, que protegen Irán, un territorio cuatro veces más grande que Irak con 90 millones de habitantes. Analistas comparan con la invasión de Irak en 2003 bajo George Bush, que derivó en guerra civil sectaria, cientos de miles de muertos y el surgimiento del Estado Islámico, advirtiendo que un colapso en Irán podría ser peor por su tamaño y diversidad étnica-religiosa.
Ante la descentralización del poder en la Guardia Revolucionaria y la capacidad iraní de misiles y drones, Estados Unidos e Israel apuestan por apoyar a minorías como kurdos, azeríes, baluchíes y árabes para una insurgencia interna, evitando tropas terrestres que generarían rechazo en la opinión pública estadounidense.
La guerra se ha regionalizado con ataques iraníes a aliados del Golfo como Arabia Saudita y Qatar, afectando la economía global. Trump insiste en prolongarla semanas si es necesario, pese a bajos stocks de armas, rechazo público (56% considera excesiva la fuerza según Ipsos) y caída en aprobación al 39%, complicando su agenda America First y las midterm de noviembre.
Posibles escenarios incluyen resistencia iraní, un acuerdo tipo venezolano o desmoronamiento con vacío de poder, guerra civil y migración masiva, desestabilizando Oriente Medio por décadas.