Bandas mexicanas radicadas en Argentina transformaron el narcotráfico de cocaína al negocio de la efedrina alrededor de 2006-2007, importando 20.000 kilos del precursor químico cuando solo se necesitaban 500 para uso legal, para producir metanfetamina en México donde estaba prohibida su importación.
Laboratorios improvisados surgieron en zonas como Maschwitz y Pacheco, con explosiones y olores a huevo podrido que alertaron a vecinos y policía. Un caso clave fue un laboratorio casero con garrafas y botellas de vino llenas del producto, donde mexicanos dirigían la producción junto a empleados locales.
La investigación judicial liderada por el juez Nardo Márquez ganó visibilidad con el triple crimen de General Rodríguez, donde murieron Forza, Ferran y Vina, farmacéuticos que compraban y vendían efedrina a los mexicanos. Un empleado vinculado, que se reunió con un periodista horas antes, se suicidó arrojándose de un balcón en Buenos Aires.
En esa época, la efedrina solo era conocida en Argentina por el positivo de Diego Maradona en el Mundial 94, pero los narcos la usaban masivamente sin control, abriendo un capítulo clave del narcotráfico mexicano en el país.