SNOLAB opera como laboratorio en un rincón de la mina Creighton, excavada en un astroblema causado por un cometa hace mil millones de años que alteró la composición mineral de la Tierra. A cientos de metros de explosiones mineras, el polvo radiactivo genera ruido en los experimentos, donde bastan dos gramos para invalidar resultados de neutrinos.
El sitio alberga experimentos de física como SNO+, una esfera de sensores de vidrio en una caverna sumergida que detecta neutrinos del Sol, el sistema solar e incluso del interior de la Tierra. Rodeado de agua y oscuridad, sus casi 10.000 sensores miden destellos de colisiones subatómicas, mientras rayos cósmicos y partículas crean un sonido de fondo universal.
SNO+ investiga si neutrinos actúan como su propia antipartícula, resolviendo misterios sobre por qué existe materia en el universo. La profundidad extrema altera la percepción: presión hace hervir el agua a mayor temperatura, dificulta la concentración y requiere guías para no perderse.
Super Kamiokande, en una mina japonesa milenaria, utiliza toda la montaña como detector de neutrinos, protegido del ruido radiactivo. Un frío viento emana de sus túneles sin luces, atrayendo hacia sus profundidades.