En las Maldivas, ingenieros desarrollan una ciudad flotante con capacidad para hasta 20.000 personas, diseñada para expandirse sobre el agua en la capital Malé, donde 250.000 habitantes viven en solo 2 kilómetros cuadrados sin espacio para crecer. Las plataformas flotantes interconectadas suben y bajan con las mareas, protegidas en una laguna de 200 hectáreas y equipadas con acceso directo al mar.
El proyecto incluye casas de dos plantas con cocina y sala de estar, y utiliza agua fría profunda del atolón para enfriamiento climático. Ante riesgos como tsunamis, los diseñadores calcularon fluctuaciones extremas de hasta 100 años, incluyendo anclajes resistentes, basados en experiencias del tsunami de 2004 que inundó Malé sin afectar barcos flotantes.
En Países Bajos, el Instituto Neerlandés de Investigación Marítima prueba modelos a escala en tanques con olas de 6 metros, evaluando anclajes para mares como el Norte o Mediterráneo, proponiendo cubiertas elevadas a 20 metros para olas de 10 metros. En Corea del Sur, tres islas flotantes en el río Han usan GPS y cables para estabilizarse durante monzones, ascendiendo hasta 10 metros en crecidas.
Para minimizar impacto ambiental, Rotterdam impulsa soluciones como Blue City con granjas flotantes y materiales de construcción de algas marinas llamados Seagood, junto a reutilización de residuos urbanos como alimento para vacas en granjas flotantes. Los promotores ven una simbiosis entre ciudades terrestres y acuáticas, convirtiendo CO2 y aguas residuales en recursos.