Nelson Castro, desde Tel Aviv, detalló cómo siete alarmas antiaéreas en 24 horas alteran la vida cotidiana de los israelíes, con calles vacías de peatones a las 20 horas, recomendación de home office masivo y suspensión de clases presenciales reemplazadas por educación virtual similar a la pandemia.
La población muestra una voluntad firme de quedarse en el país pese al temor, como contó un rabino que perdió su casa por un misil pero afirma 'yo de Israel no me muevo'. Encuestas revelan un apoyo casi unánime del 90-93% a la guerra de Netanyahu contra Irán y Hezbollah, superior al de la guerra de los 12 días, aunque genera fatiga e incertidumbre por su duración indefinida.
Castro relató un incidente en el sitio de impacto de un misil donde locales intentaron impedir la filmación por temor a que Irán identifique posiciones civiles, reflejando la psicología de guerra y el miedo a ser reconocidos en cámara, incluso en refugios.
Destacó los peligros de las esquirlas de misiles y bombas en racimo, que causaron un muerto y un herido grave hoy, paralizando trabajos enteros por chequeos antiexplosivos y obligando a evacuaciones prolongadas de hogares afectados.
El ministro de Educación aspira a retomar clases presenciales el miércoles, pero la imprevisibilidad reina, mientras Israel y EE.UU. atacan objetivos militares iraníes, contrastando con los disparos 'al montón' de Hezbollah hacia zonas civiles.