Israel lanzó el ataque más fuerte hasta ahora contra depósitos de combustible en Teherán, convirtiendo la ciudad en un infierno con oleoductos y gasoductos afectados, liberando humo tóxico de 30 depósitos impactados y provocando imágenes impactantes de calles en llamas.
Este ataque generó el primer desacuerdo entre Israel y Estados Unidos, ya que Washington no esperaba una magnitud tal que podría avalar a Irán para redoblar ataques contra refinerías en países del Golfo, que ya sufrieron impactos durante la semana. El presidente iraní Pezeshkian pidió disculpas, pero el poder real está en la fragmentada Guardia Revolucionaria.
El Estrecho de Ormuz está paralizado sin tanqueros circulando, lo que dispara el precio del petróleo Brent un 12% a 104 dólares, similar al WTI en 101 dólares, con suba del 50% en un mes comparable a la invasión rusa a Ucrania que alcanzó 115 dólares.
No hay señales de desescalada: Israel y EE.UU. insisten en cumplir objetivos mientras Irán se niega a doblegarse, con posibles impactos en combustibles y escalada mayor.