Multitudes se reunieron en Teherán para jurar lealtad a Mojtaba Khamenei, hijo del líder supremo fallecido, quien asume el poder en medio de la guerra contra Estados Unidos e Israel. El régimen religioso, que gobierna hace casi 50 años tras derrocar al sha Mohammad Reza Pahlavi, mostró su fuerza interna pese a las fracturas étnicas y represiones feroces.
Analistas destacan que Irán mantiene un control social fabuloso en sus 90 millones de habitantes, con sunitas, kurdos y otras etnias divididas, pero el régimen no ha sido roto. La designación de Mojtaba como sucesor unifica decisiones previamente atomizadas, como ataques inexplicables a Qatar, y señala un rumbo más duro con impronta fundamentalista islámica chiita.
Mojtaba Khamenei hereda el halo religioso de su padre pese a no ser ayatolá, representando décadas de tradición extremista. Expertos como Muki Tenenbaum y Guido Felta coinciden en que será tanto o más rígido, demostrando liderazgo en un territorio diezmado pero con arsenal nuclear retenido, estimado en 30% por el ministro de Defensa de Estados Unidos Peter Heick.
El G7 y Estados Unidos enfrentan dificultades para derrocar el régimen sin penetración interna, dada la tradición de apoyo popular a los líderes religiosos, aunque hay disidencias. Rafael Grossi, de la Agencia Internacional de Energía Atómica, advirtió sobre la diseminación de 500 kilos de uranio enriquecido de ubicación desconocida.