Martín Murano, hijo de la envenenadora Gilda Murano, reveló que su madre nunca tuvo relación afectiva con él, ya que una empleada lo crió mientras Gilda se dedicaba a amantes y estafas. Murano contó que ella hacía creer a los amantes que eran el padre biológico del niño y estafaba a amigas con inversiones falsas, tras lo cual aparecían muertas, más de las tres por las que fue condenada en 1979.
En la entrevista, Murano confirmó que Gilda intentó matarlo físicamente a los 10 años, aconsejada por un amante que dijo que era mejor que él no existiera, porque ella prometía irse a vivir con ellos. Nunca hubo gestos amorosos de madre; las pocas salidas fueron con amantes. Pericias psiquiátricas la diagnosticaron con rasgos paranoides y mitomanía.
Se mostró un video de Gilda negando todo en entrevistas antiguas: "Soy inocente, señor Gelbus, y lo voy a sostener hasta el día de mi muerte. No he matado, no soy un asesino". Insistía en su inocencia jurando por su único hijo y culpaba a la ley por equivocarse. Murano está convencido de su culpa, al igual que la Justicia, y mantiene relación con familiares de víctimas como Nilda Gamba, vecina y tía postiza.
Detalló el modus operandi: envenenaba masitas con cianuro en confiterías como la de Callao y Rivadavia o en visitas, disfrazando el sabor amargo como almendras. No eran tés en casa como en la ficción de Canal 13, sino en lugares públicos. Promocionó un documental en Netflix que revela misterios, como el contenido real del sobre lacrado que Gilda mostraba como prueba de inocencia.