La deshidratación obliga a los riñones a trabajar más para filtrar desechos, desgastando sus tejidos y afectando su función principal de eliminar toxinas a través de la orina.
El cerebro, compuesto en un 75% de agua, se encoge sin hidratación adecuada, provocando cefaleas, falta de concentración, problemas de memoria a corto plazo y fatiga generalizada.
El corazón debe bombear con mayor esfuerzo una sangre espesa, complicando el flujo de oxígeno y nutrientes a órganos, similar a succionar líquido viscoso con pajita.
Sin agua, el cuerpo falla en regular temperatura vía transpiración, pudiendo causar sofocones extremos o muerte, por lo que se insiste en llevar botellita de agua siempre.