Más de 40.000 mujeres sirven en las fuerzas armadas ucranianas, lo que representa el 7% del efectivo total según cifras oficiales, con 5.000 en puestos de combate en el frente contra Rusia. Kiev promueve la feminización de su ejército mostrando entrenamientos con artillería pesada, aunque persisten obstáculos para su integración plena, similar a países como Estados Unidos, Israel y Francia.
En el programa Escala en París, la socióloga Camille Boutron, investigadora independiente que asesora a organismos como el Instituto de Paz y la OTAN en temas de defensa y género, discute su libro Combatientes, cuando las mujeres van a la guerra. Explica que la presencia femenina en la guerra no es nueva y rompe el tabú de ver a las mujeres como actrices de la violencia, no solo víctimas pasivas.
Boutron destaca roles históricos de las mujeres en la guerra: como productoras de soldados mediante políticas de natalidad, en inteligencia, logística, como trabajadoras sexuales o guardias armadas, como en el reino de Dahomey en África antes de la colonización francesa, donde atemorizaban al enemigo. Señala que la profesionalización del ejército hizo invisible esta participación.
Aborda debates feministas sobre si las mujeres combatientes traicionan la lucha contra abusos en guerra, pero argumenta que visibilizarlas refuerza una perspectiva feminista. En organizaciones militarizadas como guerrillas, las mujeres usan estereotipos estratégicamente para posicionarse.
En el caso único de las mujeres de las FARC en Colombia, durante los acuerdos de paz de 2016, la subcomisión de género visibilizó su rol, pero medios reproducían estereotipos como "fusiles por tacones". Ellas desarrollaron un "feminismo insurgente" para transitar a la vida civil sin pedir perdón por su pasado revolucionario, aunque la reconversión ha sido complicada, como relata Boutron basándose en testimonios recientes.