Los analistas advierten que los conflictos globales obligan a Argentina a bajar sus proyecciones de crecimiento del 4-5% inicialmente estimadas, afectando Vaca Muerta, minería, exportaciones de alimentos y la llegada de dólares en un mundo convulso con involucramiento de potencias como Estados Unidos, Israel e Irán.
El gobierno de Javier Milei depende de EE.UU. como garante y del FMI, pero la recesión, apertura de importaciones y falta de derrame en el conurbano bonaerense perjudican al 25% de los votos clave. Un tercio de los argentinos vota pragmáticamente por su bolsillo, mientras otro tercio es antiperonista y el resto antimileísta del 40%.
Milei busca polarizar reviviendo al kirchnerismo como antagonista en su discurso de apertura de sesiones, llamando "chorra" a Cristina Fernández de Kirchner y esperando respuesta que no llegó, ante la fragmentación peronista con Axel Kicillof. Sin feedback opositor, pierde herramienta para consolidar su base.
El núcleo duro mileísta del 30% necesita recordatorios diarios de su identidad anti-kirchnerista. Crecimiento del 3,5% es insuficiente sin dinamismo en construcción y PyMEs; outsiders electorales son improbables aún, y el mundo impacta directamente en Argentina, ya no aislada como en épocas kirchneristas.
Si el crédito en dólares y leyes fiscales dinamizan, podría ayudar, pero volatilidad global amenaza desinflación y empleo nuevo en provincias.