Los pilotos comerciales priorizan la seguridad operacional y pueden negarse a volar sobre zonas de guerra como Irán, Irak y Siria ante misiles y drones, desvían rutas causando más consumo de combustible y tiempo, explicó Carlos Rincelli, piloto y periodista aeronáutico, en base a un mapa que muestra los malabares para evacuar pasajeros varados en Medio Oriente.
Rincelli detalló que los aviones no tienen defensas contra misiles, por lo que las aerolíneas planifican trayectos alternativos evitando también Qatar, donde un dron explotó en depósitos de combustible del aeropuerto. El piloto es el máximo responsable civil y penal de la operación, similar a rechazar vuelos por mal tiempo, y siempre hay planes A, B y C con aeropuertos alternativos a lo largo de la ruta para desvíos repentinos.
Los desvíos implican costos extras, como media hora más de combustible por vuelo en casos previos como el cierre de espacio aéreo venezolano, y afectan rutas clave hacia Afganistán vía Egipto y Omán. En aeropuertos afectados, como Qatar, se cierran inmediatamente por incidentes, y las aerolíneas cancelan vuelos con riesgo mínimo.
Pasajeros estresados generan desconfianza mutua, similar a post-11 de septiembre con estereotipos y quejas por 'sospechosos' a bordo, anticipa Rincelli, quien prevé el regreso de controles estrictos en aeropuertos una vez calme el conflicto, que podría extenderse un mes o más.
En Argentina, el Aeropuerto de Ezeiza tiene seguridad adecuada pero nunca suficiente hasta que ocurre un incidente, y las empresas no arriesgarán vuelos con 1% de peligro. Llamadas de televidentes refuerzan el temor a viajar, pero Rincelli insiste en adaptarse a zonas seguras.