Los paleontólogos enfrentan grandes enigmas sobre las extinciones masivas que han marcado la historia de la vida en la Tierra, incluyendo la desaparición del 90% de las especies en la Extinción Pérmica hace 251 millones de años, la más devastadora con el 96% de especies marinas perdidas y solo un 10% de supervivencia general.
Otras catástrofes incluyen la del Ordovícico tardío por edades de hielo y cambios en el nivel del mar que eliminaron el 77% de especies hace 440 millones de años, la del Devónico tardío con el 75% de pérdidas hace 360 millones de años afectando más a mares y corales, y la del Triásico por vulcanismo que borró el 75% de invertebrados marinos, permitiendo el auge de dinosaurios por 165 millones de años.
La extinción final de los dinosaurios hace 65 millones de años acabó con el 70% de especies y el 50% de géneros, posiblemente por un meteorito en Yucatán, aunque ninguna teoría convence plenamente; en Argentina, expertos como Leonardo Salgado y Rodolfo Coria identificaron una extinción previa hace 90 millones de años que diezmó titanosaurios como Argentinosaurus y Puertasaurus, y depredadores como Giganotosaurus carolinii.
La paleontología argentina destaca por fósiles abundantes en Patagonia, San Juan y La Rioja, con futuro prometedor si hay apoyo estatal, aunque persisten interrogantes sobre mecanismos ecológicos y climáticos detrás de estas extinciones recurrentes, comparables al Nobel por resolverlas.
El paleontólogo describe dinosaurios carnívoros como Giganotosaurus o Tiranotitán como criaturas terroríficas, más grandes que tigres, capaces de correr y devorar humanos como aperitivos, evocando admiración y miedo por su forma única.