Las monarquías del Golfo, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, evitan un enfrentamiento directo con Irán desde la Revolución Iraní de 1979 por vulnerabilidades territoriales, dependencia del crudo que representa el 30% de la producción mundial y desventaja en reservas militares, donde Irán cuenta con más de 500.000 efectivos más la Guardia Revolucionaria.
A pesar de superioridad tecnológica y aérea, las monarquías carecen de paridad humana y territorial frente a Irán, lo que complicaría un ataque directo generando crisis energética y militar en la región. Ataques recientes a puertos petroleros, plantas de desalinización y aeropuertos diversifican el conflicto sin escalar a guerra abierta.
La diversificación económica hacia turismo amenaza colapsar con un conflicto, impactando civiles y economía global. Panelistas destacan que ningún bloque liderado por Estados Unidos e Israel alteraría esta cautela estratégica de las monarquías.