La minería responsable es un mito discursivo que gobiernos y empresas usan para legitimar extractivismo contaminante, ocultando impactos como consumo masivo de agua, químicos tóxicos y pasivos ambientales por siglos.
Promete desarrollo, trabajo e ingresos pero deja agua contaminada, territorios fracturados y comunidades desplazadas, con el Estado subordinado a intereses corporativos.
Aunque la minería está en productos cotidianos desde celulares hasta energías renovables, no puede ser sustentable sin consecuencias; la verdadera responsabilidad exige decir la verdad sobre quién beneficia y quién paga el costo.
Frases de 'controles y evaluaciones' equiparan falsamente progreso económico con devastación, desactivando conflictos comunitarios.