Una densa humareda y lluvia negra ácida cubrieron Teherán tras explosiones en la refinería de Yarharam y depósitos petroleros, bombardeados por fuerzas de Israel y Estados Unidos.
Los compuestos tóxicos liberados oscurecieron el cielo y tiñeron calles y edificios, creando un escenario asfixiante que los testigos describen como escalofriante. La Protección Civil ordenó a la población quedarse en hogares con puertas y ventanas cerradas.
La Media Luna Roja advirtió riesgos para la salud por la lluvia cargada de hidrocarburos, mientras equipos de emergencia contienen lamas en las plantas afectadas. El gobierno suspendió actividades al aire libre y mantiene alerta máxima ambiental por la nube tóxica.