Arián, un joven iraní radicado en Argentina desde hace ocho años, denunció las extremas restricciones para mujeres en Irán, donde no tienen derechos básicos, deben usar hijab cubriendo todo salvo los ojos y sufren maltrato constante. Su familia emigró huyendo de la opresión religiosa y la crisis económica, priorizando la libertad y dejando al padre atrás. Las mujeres pueden estudiar hasta la universidad, pero los hombres siempre tienen prioridad.
Los hombres enfrentan servicio militar obligatorio de dos años después de los 18, impidiéndoles salir del país hasta cumplirlo, y en tiempos de conflicto deberían disparar misiles. Arián llegó a los 14 años y evitó esa obligación. Recientemente, jugadoras de la selección femenina de fútbol iraní se negaron a cantar el himno en la Copa de Asia como protesta, aunque arriesgan represalias familiares.
El régimen está debilitado y en su último momento, según Arián, pero persigue a quienes opinan en contra en redes sociales, llevándolos presos. No hay libertad periodística ni para formar partidos políticos, ya que el líder supremo controla los votos. La gente está cansada, pero protestar en la calle implica la muerte, y las redes sociales tienen límites de datos con bloqueos durante protestas.
En Argentina, Arián terminó secundaria en Rosario, trabaja con una app de auto y se siente como en su país, sin discriminación, tramitando la ciudadanía. No volvería a Irán hasta que caiga el régimen. Casi 8 millones de iraníes emigraron desde la caída del rey, muchos a Estados Unidos.