Israel y Estados Unidos escalaron su guerra contra Irán, destruyendo instalaciones petroleras y matando a líderes como Ali Khamenei, mientras Irán responde con misiles que impactan en 18 países y bases estadounidenses en la región.
Países como Argentina, Canadá y Alemania apoyaron los ataques, pero Rusia, China y Brasil los condenaron. En Tel Aviv, el periodista Gabriel Benzagal reportó una reducción de misiles iraníes de 90 a 20 diarios, con refugios activados cuatro veces en 24 horas, y defendió la guerra como necesaria ante la amenaza nuclear iraní, que posee uranio para 11 bombas según la OIEA.
Una periodista iraní desde Teherán justificó los contraataques de Irán contra objetivos israelíes en Palestina y bases en Qatar, Bahréin, Jordania y Dubái, incluyendo hoteles con soldados estadounidenses. El historiador Leandro Mongefell del CONICET describió el conflicto como parte de una guerra mundial híbrida por el declive hegemónico de Estados Unidos bajo Trump, que busca revertirlo militarmente tras éxitos en Venezuela y amenazas a Cuba.
Mongefell comparó la muerte de Khamenei con matar al Papa para 2.100 millones de musulmanes y alertó sobre el alza del 50% en el petróleo, que genera inflación en EE.UU. Benzagal aclaró que Khamenei era el gobernante bajo la tutoría del sabio, no mero líder espiritual, y que Irán planeaba destruir Israel.
El segmento incluyó mapas de ataques en ciudades como Teherán, Minab (donde un bombardeo mató a 150-170 niños en una escuela) y Sanandaj, más el hundimiento de un barco iraní por un submarino estadounidense con 87 muertos.