La guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán cumple su octavo día con más de 1.230 muertos, 6.500 heridos y 2.000 objetivos atacados, incluyendo refinerías de petróleo en el este y oeste del país bombardeadas hace menos de una hora. Las imágenes muestran devastación apocalíptica en Teherán, con llamas altísimas y humo denso que oscurece la capital.
Irán tiene 90 millones de habitantes en 1,63 millones de kilómetros cuadrados, un territorio vasto con montañas y desiertos que lo hace difícil de invadir. Teherán sufría previamente una crisis hídrica sin precedentes, con reservorios por debajo del 10%, y ahora los bombardeos causan cortes de electricidad y agua al dañar usinas y bombas, agravando enfermedades y caos para la población civil.
Estados Unidos movilizó 50.000 soldados, 200 aviones de combate, dos portaaviones en el Golfo y un tercero en ruta, más bombarderos B-52. Israel desplegó 200 aviones con tres salidas diarias cada uno, sin una sola baja aérea reportada pese a ataques día y noche. Donald Trump se mofó en Truth Social del primer ministro británico Keir Starmer por enviar un portaaviones tarde: "No se preocupe, ya no las necesitamos, pero lo recordaremos".
La asimetría tecnológica es brutal: drones iraníes cuestan entre 25.000 y 50.000 dólares con 35 kilos de explosivo cada uno, mientras los misiles para derribarlos valen 1 o 2 millones. El humo complica la detección satelital visual e infrarroja, pero las defensas aéreas iraníes están severamente dañadas, permitiendo superioridad aérea total a Estados Unidos e Israel.