El bailarín supo desde los cuatro años que quería bailar, a pesar de que en su familia nadie era artista y él era de Villa de Mayo, zona norte de Buenos Aires.
A los 10 años, la esposa del pediatra le trajo bases para inscribirlo en el Teatro Colón, las llenó con su madre y pasó siete exámenes entre 2.500 inscriptos, quedando entre los 17 seleccionados, sin haber tomado clases formales de danza previamente, solo una semana informal.
En el examen final de improvisación, hizo movimientos como puente y apertura de piernas sin copiar a nadie, y aunque se fueron de vacaciones a Pehuen Có, volvieron antes por ansiedad y encontró la carta de aceptación.
Su familia compró el uniforme y empezó en el Colón ese mismo día.