Estados Unidos comenzó a utilizar bases militares británicas para operaciones defensivas en la guerra de Oriente Medio, con bombarderos B-1 aterrizando en Fairford, suroeste de Inglaterra. Londres aprobó el uso tras críticas de Donald Trump, quien dijo que no es necesario enviar portaaviones.
El primer ministro Keir Starmer inicialmente rechazó involucrarse, pero cedió por misiles iraníes que arriesgaron intereses británicos. Una encuesta del Instituto Sorvation indica que el 56% de británicos respalda la decisión inicial de no participar, contra 27% que la ve como error.
Typhoons y F-35 británicos operan sobre Jordania, Qatar y Chipre, derribando drones en Jordania e Irak. Reino Unido desplegará más cazas y un destructor al Mediterráneo Oriental la próxima semana.