Pedro Sánchez, presidente de España, resumió la posición de su gobierno ante el conflicto en Medio Oriente con las palabras "no a la guerra". Criticó la quiebra del derecho internacional, el uso de bombas para resolver problemas y los errores del pasado, similar a posturas en Ucrania y Gaza.
Panelistas españoles, como Rosa, cuestionaron la simplicidad del discurso de Sánchez, acusándolo de politizar el conflicto para fines domésticos en medio de tensiones internas, falta de presupuestos y escándalos de corrupción en el Partido Socialista. Argumentaron que ignora factores internacionales complejos y no es solo blanco o negro.
Destacaron riesgos económicos para España y la UE por confrontar a Estados Unidos e Israel, dependiente del gas estadounidense en un 61% e impacto en importaciones y exportaciones. Sánchez impulsa agenda pro-palestina y boicot a Israel, alineándose contra Trump, lo que podría dañar negocios.
En las calles españolas, la gente percibe que Sánchez "ha perdido la cabeza" por poner en riesgo a todos con su postura antioxidante, evocando el "no a la guerra" de Zapatero post-11S para beneficio electoral, pero inadecuado al contexto actual con Irán atacando aliados OTAN como Turquía.