Diego Simonet, padre de la familia de handbolistas, relató su retiro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 como la frutilla del postre de una carrera llena de logros personales pese a no ganar títulos de clubes, destacando el orgullo de jugar junto a sus tres hijos en la selección argentina.
Sebastián Simonet contó cómo crecieron en un hogar competitivo en Villa Ballester, con batallas campales por milanesas y manzanas, fomentados por padres deportistas que siempre promovieron juegos físicos como tirarse de cabeza en la pileta o Marco Polo, lo que moldeó su espíritu de lucha del "playón".
Los hermanos Diego y Pablo, talentosos en múltiples deportes como fútbol en Vélez o voley, terminaron inclinándose por el handball, con anécdotas como el montenegrino en Torrevieja que los comparaba con "comer raíces en Argentina" por su garra incansable, un ímpetu que Sebastián lleva al profesionalismo en Europa.
Diego padre superó la pandemia y dudas del entrenador para volver de Europa, entrenar intensamente y llegar en su mejor forma a Tokio, sintiendo el apoyo familiar pese a las puertas cerradas, cerrando una carrera nómada por el mundo con familia y pocos lesiones.
Ahora como hincha fanático número uno, Sebastián vive intensamente los partidos de la selección, gritando desde la tribuna en Panamericanos y torneos clave, descartando ser entrenador por requerir planificación profunda, mientras guarda camisetas de cada torneo para su "museo" familiar.