La guerra de Irán amenaza la economía global al bloquear el Estrecho de Hormuz, impidiendo exportaciones de petróleo y llegada de alimentos a petroestados del Golfo Pérsico. Países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Catar, Bahréin y Kuwait dependen en un 80-90% de importaciones alimentarias por contenedor, ahora afectadas por el cierre de puertos como Jebel Ali.
Los consumidores en Dubái y otras ciudades del Golfo enfrentan carencias inusuales, con inflación disparada por cambio de rutas terrestres o aéreas más costosas y mayor precio del combustible. Las autoridades aseguran preparación gracias a reservas estratégicas que cubren cuatro a seis meses de necesidades básicas.
Esta estrategia de seguridad alimentaria se implementó tras la crisis de 2008, cuando los países del Golfo optaron por importar y almacenar en lugar de producir localmente debido a condiciones climáticas adversas. La actual crisis pone a prueba esa medida.