Ciudades flotantes emergen como solución contra el aumento del nivel del mar que amenaza zonas costeras, con proyectos avanzados en Copenhague y Maldivas. En el barrio flotante Urban Rieger de Copenhague, 72 casas sobre un muelle se mueven con las tormentas, y residentes como uno describen la experiencia como vivir cerca de la naturaleza, bajando a zonas tranquilas cuando se marean. Expertos proponen flotas nómadas de casas listas para ocupar espacios temporales hasta nuevos planes urbanísticos.
En Maldivas, vulnerables por estar a 1,5 metros sobre el mar, construyen los primeros bloques modulares en la costa de Malé, donde 250.000 personas viven en dos kilómetros cuadrados sin espacio para expandirse. Tres edificios modelo permiten visitas, con casas de dos plantas que acceden directamente al mar abierto. Estas plataformas interconectadas suben con las mareas, evitan corales mediante cartografiado previo y usan agua fría profunda para climatización.
Ingenieros consideran tsunamis y olas extremas, calculando tamaños de plataformas y anclajes para resistir. En el Instituto Neerlandés de Investigación Marítima prueban modelos en tanques con olas de hasta 6 metros, viables en Mediterráneo pero desafiantes en Mar del Norte con 12 metros, requiriendo cubiertas elevadas a 20 metros. En Corea del Sur, islas flotantes en el río Han usan GPS y cables para estabilizarse, ascendiendo hasta 10 metros en crecidas.
Ante riesgos ambientales, promueven sostenibilidad: ciudades flotantes como simbiosis con terrestres, reciclando CO2 y aguas residuales. En Rotterdam, Blue City transforma un estanque en hub de economía circular, donde Marianne Kulipers desarrolla "Seagood" o madera de mar con algas y residuos, prensada en paneles rígidos naturales.