Otoño Uriarte, una adolescente de 15 años de Fernández Oro en Río Negro, desapareció el 23 de octubre de 2006 tras dejar su bicicleta cerca de una casa e ir al entrenamiento de vóley. La policía desestimó inicialmente la búsqueda y el subjefe Víctor Cufré mintió diciendo que se fue al Bolsón a visitar la tumba de su madre. Vecinos la buscaron con perros hasta un canal sin éxito, mientras surgía un escándalo por redes de prostitución con apoyo policial.
El 26 de abril de 2007, seis meses después, apareció su cuerpo atrapado en las aspas de hierro de una esclusa en el canal de riego 30, tras bajar el nivel del agua. Las pericias indicaron que la arrojaron al agua poco después de la desaparición, con restos mínimos de materia orgánica identificados por un colgante y un buzo raído. Crucialmente, no murió ahogada porque sus pulmones no tenían agua, lo que significa que la tiraron ya muerta.
Cufré insistió en que se suicidó tirándose al canal tras pelear con su padre, pero los peritos descartaron ahogamiento o estrangulamiento. El gobierno provincial apartó al comisario Ives Vallejos, al subcomisario Moisés Rodríguez de Choele Choel y al suboficial César Cayumil, pero el caso quedó aplastado por encubrimiento policial durante 17 años, con los restos en el freezer de la morgue. Surgió una red de prostitución con policías involucrados, pero todo quedó en nada.
Un pelo hallado sobre el cuerpo dio ADN mitocondrial compatible con el linaje materno de José Jafri, uno de los sospechosos junto a Maximiliano Lagos, Néstor Cau y Ángel Antilaf. El pelo degradado impidió análisis nuclear completo, pero apunta a familiar materno en el círculo. La familia tardó tres años en conseguir reactivos para la prueba.
La abogada Gabriela Procopiu, exdefensora de la familia, evitó la prescripción de la causa y logró sacar los restos para cremarlos, permitiendo algún avance pese al poder policial y político que sepultó el caso.