Los habitantes locales de la Polinesia Francesa rechazaron el proyecto de islas flotantes impulsado por millonarios libertarios del Seasteading Institute de Silicon Valley, temiendo contaminación, pérdida de pesca y favoritismo a extranjeros. El grupo buscaba lagunas tranquilas para asentamientos autónomos independientes de regulaciones estatales, pero enfrentó oposición por no consultar a la comunidad y priorizar intereses externos.
El reportaje explora innovaciones como el invernadero submarino Nemus Garden, que cultiva plantas bajo cúpulas de metacrilato con agua dulce destilada de evaporación natural, sin necesidad de suelo ni climatización. Proporciona temperaturas estables gracias al agua marina y produce fresas, calabazas y frijoles sobre sustratos reciclados.
Otro avance es la desalinización ecológica mediante energía de olas, inventada en Córcega: boyas ancladas generan presión mecánica para filtrar sal, produciendo 5.000 litros diarios de agua potable por unidad sin combustibles fósiles ni impacto ambiental alto, ya probada en Chile. La salmuera diluida se dispersa en mar abierto.
Oceanics planea una ciudad flotante en Busan, Corea del Sur, con apoyo de Naciones Unidas, incorporando estos conceptos en diseño hexagonal multidireccional para agricultura, energía y agua. Similar a Venecia sobre pilotes, resiste olas y ofrece solución al alza del nivel marino, aunque enfrenta escepticismo local por inercia regulatoria.
El Seasteading promueve colonización marina en aguas internacionales para libertad absoluta de estados, pero críticos lo ven como utopía elitista solo para ricos capitalistas libertarios, no para masas. Proyectos como en Polinesia fallaron por rechazo comunitario, pese a promesas de sostenibilidad.