Un jardinero fiel se queda con la herencia completa de un hombre rico al ser el único en comprar el retrato de su hijo fallecido en una subasta. El padre, apasionado por el arte y dueño de obras de Van Gogh, Picasso y Rafael, pierde a su único hijo que muere heroicamente salvando a un soldado en la guerra. El soldado, agradecido, le regala un retrato del hijo que él mismo pintó con esmero, capturando la expresión de sus ojos, y rechaza cualquier pago.
El padre coloca el cuadro sobre la repisa de la chimenea, donde todos los visitantes lo ven primero, por encima de la famosa colección. Meses después, el hombre fallece y se anuncia una subasta de todas sus obras maestras, atrayendo a personas influyentes ansiosas por los cuadros valiosos.
Sorprendentemente, el subastador inicia con el retrato del hijo. Nadie ofrece nada inicialmente, molestos por no ser las obras famosas primero, hasta que un anciano jardinero de la familia, recordando los buenos tratos, ofrece 10 pesos por cariño a la familia. Vendido al jardinero, el subastador anuncia que la subasta termina ahí.
Revela entonces la cláusula del testamento: quien se quedara con el retrato del hijo heredaría toda la colección y el patrimonio. El jardinero, por su humildad y lealtad, gana todo, mientras los demás se lamentan por rechazar el cuadro.