Israel prorrogó por ocho días el estado de emergencia nacional ante ataques incesantes de Irán y ahora también desde Líbano, donde Hezbolá se fortaleció durante el cese al fuego. La periodista Alejandra Bará, desde Pardes Hanna, describe una incertidumbre total con alarmas constantes que la obligan a refugiarse con sus cuatro hijos y esposo en 90 segundos, entrando ayer unas cinco veces al búnker del departamento.
Lucas Kaufman, desde Dubái, relata un día a día atípico con alarmas, drones y misiles visibles, evacuaciones nocturnas y un impacto brutal en el turismo: autovías al 50-60% vacías, restaurantes a media capacidad y malls como Dubai Mall con apenas 5.000-6.000 personas en lugar de 100.000. El espacio aéreo se reabre intermitentemente, permitiendo salidas de argentinos hacia otros destinos, mientras las fronteras terrestres con Omán se vuelven burocráticas.
En Israel, las escuelas pasan a modalidad remota por Zoom, los cielos operan al 30% recibiendo solo vuelos de emergencia para repatriar a más de 100.000 israelíes varados, aunque los devuelven a una zona de guerra. Bará, con 15 años en el país, compara esta escalada con la guerra anterior contra Irán hace seis meses, la más dura, con misiles balísticos potentes que impactaron edificios y una sinagoga donde Ronnie Kaplan transmitía en vivo mientras ascendía la cuenta de muertos a nueve.
Kaufman, periodista con un año y medio en Emiratos, destaca que el país, conocido por su seguridad, nunca sufrió algo así en 55 años; el primer bombardeo en Abu Dhabi pareció un error. Tras declaraciones de Trump y Netanyahu sobre eliminar la cúpula iraní, incluyendo a Hamid Fahadí ligado al atentado AMIA, Bará advierte que Irán podría activar células durmientes en aliados como Venezuela y Argentina, preparando una semana crítica para el mundo alineado con Estados Unidos.
Bará descarta seriamente mudarse pese a las dificultades para criar hijos en Israel, afirmando que es su casa elegida.