Daniela Heller, desde Netania en Israel, relató que anoche sonaron cuatro alertas antiaéreas a la una, tres, cinco y seis de la mañana, interrumpiendo el sueño sin sirenas pero obligando a estar preparados para refugiarse.
La vida cotidiana implica incertidumbre al salir, verificando refugios cercanos o tirándose al piso si es necesario, aunque no hay prohibiciones de circulación.
Los niños están altamente preparados gracias a simulacros constantes en colegios, no se despiertan con sirenas y los padres los llevan dormidos al refugio, donde usan tablets tranquilamente.
Los supermercados operan normalmente incluso bajo misiles, con precios que bajan mediante promociones para fomentar compras, al contrario de subidas en otras crisis; servicios online funcionan y hay quienes abastecen en exceso.
Actividades culturales se limitan a 50 personas cerca de refugios, pero se puede desayunar o viajar siempre con refugio accesible; amigos en Argentina y Brasil no comprenden la normalidad israelí y creen que están siempre encerrados.