Los damnificados del derrumbe del estacionamiento Cosur en Parque Patricios padecen estrés postraumático similar al de víctimas de inseguridad, con insomnio y pánico constante por ruidos que les recuerdan el colapso. Vecinos denuncian filtraciones ignoradas durante cuatro años, parches temporales de la constructora y un enorme hueco de tres metros en la base de las torres aledañas que genera terror a un nuevo derrumbe.
En el estudio, expertos analizan el impacto psicológico: frustración por perder el sueño de la casa propia o familia estable, imposibilidad de controlar la situación y necesidad de manejar la impotencia frente a los hijos. Cuatro de cada diez jóvenes no logran independizarse, agravando la crisis para quienes volvían con padres.
Un ingeniero minimiza el trauma al asegurar que con dos apuntalamientos basta para vivir seguro, comparándolo con riesgos menores frente a asaltos graves, pero panelistas lo cuestionan duramente por restar gravedad al pánico de los afectados. La gente espera hace horas en la calle para rescatar pertenencias sin poder ingresar aún.
Periodistas en terreno muestran vecinos angustidos, decepcionados y con bronca, sentados en la vereda de Mirabé, repitiendo reclamos por certezas y soluciones urgentes.