Una banda de presos en la Unidad 58 de la cárcel de Lomas de Zamora factura 20 millones de pesos por semana mediante estafas virtuales sextorsionales, simulando perfiles falsos de menores para obtener fotos íntimas y luego extorsionar a las víctimas con amenazas de allanamientos policiales.
Diego Gabriele detalla las operaciones: los delincuentes llaman desde la cárcel, se hacen pasar por el oficial Gabrieles, comparten imágenes falsas de armas y policía, exigen transferencias bancarias y acceso a home banking compartiendo pantalla vía WhatsApp para robar datos y más dinero.
Reproduce audios donde presos, acostados con celulares, coordinan estafas tranquilamente, advirtiendo sobre encubrimiento y manteniendo pantalla compartida. La banda usa perfiles falsos en redes para captar víctimas hombres, enviando fotos falsas y luego amenazando con causas judiciales.
Gabriele alerta sobre señales de estafa: pedidos de no cortar llamada, compartir códigos WhatsApp o pantalla, uso de léxico policial como artículo 34 de encubrimiento, y modulaciones en llamadas. Relaciona con caso del granadero que se suicidó en Olivos por similar extorsión.
Hasta que no se eliminen celulares en cárceles, estos delitos persistirán, generando millones semanales en un negocio redituable dentro del sistema penitenciario.