El panel del programa defiende con vehemencia a Lionel Messi frente a las críticas de un sector minoritario y ruidoso que lo cuestiona por reunirse con el presidente Donald Trump en Estados Unidos. Argumentan que se trata de un doble estándar, ya que nadie cuestionó a Diego Armando Maradona cuando abrazaba a dictadores como Jorge Rafael Videla, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Fidel Castro.
Recuerdan que Maradona llevó la copa del Mundial Juvenil de 1979 a Videla, militó por Chávez en Telesur, abrazó a Maduro y celebró a Fidel, pero esos gestos fueron aplaudidos por los mismos que ahora atacan a Messi por visitar la Casa Blanca, sede de la democracia estadounidense. El panel ridiculiza a los detractores que ven en Maradona la verdadera "argentinidad" y rechazan a Messi por su sobriedad, familia nuclear y apoliticismo.
Mencionan que Messi evitó políticos argentinos tras ser usado por Cristina Fernández de Kirchner en 2014, cuando lo convocó junto a la selección subcampeona mundial y protagonizó el show ella misma, dejando a Messi incómodo. Tampoco fue a ver a Mauricio Macri ni a Alberto Fernández tras ganar el Mundial, para no ser instrumentalizado políticamente.
Citan declaraciones de Messi sobre política, como comparar partidos con equipos de fútbol, pedir líderes que saquen al país adelante "sin robar ni hacer cosas raras" y criticar la desigualdad como problema social. El panel elogia su sencillez, profundidad y neutralidad, afirmando que conquista corazones jóvenes sin partidismo, lo que molesta a quienes lo ven "desclasado".
Concluyen admirando a Messi como persona serena y ejemplo contra la grieta política, proponiendo "por más Messi y por menos grieta", antes de cerrar el arranque del programa.