Fernando Torchi, fundador y CEO de Megatlón, dirige 52 sedes propias sin franquicias, con 210.000 socios activos, 50.000 usuarios diarios y 1.800 empleados directos más 250 en limpieza tercerizada. La empresa creció en clientes y facturación el año pasado pese desafíos económicos, financiada inicialmente con familiares en 1992 desde canchas de pádel en Floresta.
Instalar un gimnasio de mil metros cuadrados demanda alrededor de un millón de dólares, sobre todo en máquinas importadas de Italia y China, ya que el equipamiento nacional es casi inexistente, y en obra civil como aire acondicionado para 1.500 personas diarias. Critican el arancel del 35% a importaciones, subido por el gobierno anterior y el más alto de la región sur, aunque lograron grandes compras en 2025 para reequipar sedes.
Planean expansiones en Vicente López, Mar del Plata y Nordelta, tras abrir en Quilmes, ya que ven oportunidades en el boom post-pandemia de actividad física contra obesidad y sedentarismo. Las cuotas van de 45.000 pesos en FITAR, su marca low cost desde 2018 para masificar el acceso, hasta 130.000 pesos en Megatlón premium, con crecimiento en todos los niveles pese subas.
Los gimnasios funcionan como centros sociales y preventivos de salud, con 20.000 clases grupales mensuales lideradas por profesores nacionales de educación física obligatorios, capacitados en cursos internos como Trainer Megatlón. Fomentan vínculos como pequeñas tribus, compitiendo más contra Netflix que otros gyms.
El modelo all-inclusive desde fines de los 90, con débito automático en tarjetas para previsibilidad y cuotas fijas por hasta un año, eliminó la estacionalidad bajando precios a la mitad. Crecen con ingresos de nuevos socios superando bajas, incluyendo mayores de 75 años en entrenamiento de fuerza.